“No os entristezcáis”
- 11
- Ago
- 2026
¿Cómo no entristecerse? Es una pregunta que resuena en el alma cuando el eco de una pérdida se niega a callar. “¡Yo perdí eso!”, lamentamos. “¡Esa persona me hizo esto!”, gritamos en silencio. En el trabajo, en la vida, parece que la misma historia se repite una y otra vez: “¡No tengo con quién contar! ¡Siempre me pasa lo mismo!”.
Así es como se siente el corazón, ¿verdad? Un torbellino de emociones que se alimentan de argumentos, recuerdos e injusticias percibidas, acentuando aún más esa punzada que nos entristece en lo más profundo. Y es cierto: para las cosas que sentimos, no parece haber límites. El dolor se expande, la frustración crece sin freno.
Cuando llega el momento del dolor extremo, al entender que a mi manera no funciona, es cuando busco otra salida. Acepto hacer todo lo que sea necesario para salir de aquella condición en la que me encuentro.
Es ahí donde me permito buscar. Ya no me limito a mis razones fracasadas. Entendí que necesito darme otra oportunidad: la de escuchar lo que rechacé.
Ahora mis oídos aceptan oír y prestar atención a lo que debo hacer. Ahora sí me intereso en cambiar. Ya no es un peso escuchar, sino una necesidad.
Pero… Dios nos dice: “No os entristezcáis”.
¿Cómo voy a obedecer sin entristecerme? Una vez me hice esta pregunta.
Pero el hecho de pensar cómo obedecer ya demostró un interés, una búsqueda, un razonar, una humildad.
Esto fue suficiente para empezar a disponerme a actuar. No esperar las circunstancias. Al fin y al cabo, era yo la que quería el resultado.
Entonces, vamos a levantarnos y a actuar.